Selección Argentina: Pancho Varallo y la historia de la final de 1930

Pancho Varallo, uno de los protagonista de la peculiar final de la Copa del Mundo de 1930, donde la Argentina terminó perdiendo por 4-2 ante Uruguay.

Futbolargentino.com
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Pancho Varallo, uno de los protagonista de la peculiar final de la Copa del Mundo de 1930, donde la Argentina terminó perdiendo por 4-2 ante Uruguay.

Ni Carlos Gardel los pudo unir con tangos. La tensión estaba instalada desde el comienzo del primer Mundial de la historia y era claro que no iba a haber en Montevideo un ambiente de juego limpio entre las selecciones que dos años antes habían jugado la final del fútbol olímpico en Amsterdam.

El proclamado 'Sorzal criollo' del que los uruguayos garantizaban haber nacido en Tacuarembó y los franceses aseguraban que tuvo a Toulouse como su cuna, también era orgullo de los argentinos por haber pasado allí su infancia y obtenido la nacionalidad en 1923.

Desde cualquier perspectiva, Gardel era la solución para llevar paz a uruguayos y argentinos en las horas previas a la histórica final jugada en el estadio Centenario, el 30 de julio de 1930. "Ellos nos ganaron por ser más guapos y más vivos, no por ser mejores jugadores", aseguraba el delantero argentino Francisco Antonio Varallo, más conocido como 'Pancho Varallo', quien fue máximo goleador del Boca Juniors hasta que lo superó Martín Palermo.

Al atardecer del 30 de julio, habían pasado 17 días de competencia en los que se habían jugado, 18 partidos y marcado 70 goles. Los locales, que perdían ante los argentinos por 1-2 al término del primer tiempo, reaccionaron con vigor en el segundo y ganaron un partido bronco por 4-2.

Uruguay se fue adelante a los 12 minutos gracias a Pablo Dorado, pero en 17 minutos los visitantes voltearon la historia: Carlos Peucelle igualó en el 20 y en el 37 aumentó Guillermo Stábile. El segundo tiempo fue casi un monólogo de los locales. José Pedro Cea empató a los 57 minutos, Victoriano Santos Iriarte fijó el 3-2 provisional y a un minuto del final puso la guinda Héctor Castro.

Así había terminado la primera Copa Mundial y la única que no tuvo fases clasificatorias. Pero la polémica a la que se refirió Pancho Varallo apenas comenzaba. El defensor Luis Monti, referente de la formación argentina por el carácter y respeto que imponía con su juego rudo, aseguró que la noche anterior recibió amenazas de muerte al igual que su familia.

Tuvo tintes rocambolescos su tardía denuncia pues relató que dos italianos al servicio de Benito Mussolini le dijeron que Argentina debía perder. El propio Monti fue llamado después a la selección italiana que seguía subordinada a los deseos del 'Duce'. Además de criticar la hostilidad de los jugadores y del público, Varallo condenó la pasividad del entrenador Francisco Olazar y dijo que muchos de sus compañeros "aflojaron" por miedo.

"El entrenador no tenía ninguna decisión. Aquel fue un partido muy duro, que nos ganaron con prepotencia. Lo peor es que algunos compañeros aflojaron, asustados por el ambiente. Esa final no la podíamos ganar de ninguna manera", resumió el último sobreviviente de los jugadores de 13 países que disputaron ese Mundial.

Varallo falleció el 30 de agosto de 2010 a la edad de 100 años. Al central Fernando Paternoster se le atribuyó una arenga a sus compañeros antes de volver a la cancha para el segundo tiempo: "¡Mejor que perdamos, si no, aquí morimos todos!".

Monti describió la presión que sufrieron tras el descanso pese a que ganaban con un jugador menos. "Cuando volvimos para jugar el segundo tiempo había como trescientos militares con bayonetas caladas. ¡A nosotros no nos iban a defender!". Al conocer las declaraciones de su colega argentino, el capitán de Uruguay, José Nasazzi, optó por exculparlo y dar su versión de aquél partido presenciado por 68.346 espectadores.

"Monti, por su fuerza, podía ganar la final solo. Pero los dirigentes argentinos le pidieron que jugara liviano. ¡Cómo se equivocaron! No pegó y jugó caballerosamente. Perdió importancia. Pero no fue un cobarde como se dijo después", subrayó. Otro uruguayo, Ernesto Mascheroni, aseguró que recibieron muchas provocaciones del lado argentino. "Se dijo que no sabíamos jugar al fútbol, que fuimos campeones de mentira".

La rivalidad se observó en los mínimos detalles. El árbitro belga John Langenus tuvo que acudir a una moneda para dirimir la exigencia que ambas selecciones tenían: querían usar su propio balón. El sorteo determinó que el primer tiempo se jugaría con la pelota argentina y el segundo con la uruguaya.

Las relaciones diplomáticas pudieron quedar afectadas de no haber sido por la policía que al día siguiente impidió a una muchedumbre saquear la embajada uruguaya en Buenos Aires.

En Uruguay la fiesta fue total. El fútbol, que había obtenido de forma consecutiva la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, celebraba por todo lo alto el centenario de la Jura de la Constitución, hecha el 18 de julio de 1830, y que se convirtió en una gran razón para pedir la sede del primer Mundial.

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