Futbolargentino.com Buenos Aires Miércoles, 27 / Jun / 2018

Marcos Rojo: "Sabía que iba a meter un gol"

La corazonada de Marcos Rojo nos dio la clasificación a los octavos de final del Mundial.

Marcos Rojo y el grito de toda la Argentina. (FOTO: EFE)
Marcos Rojo y el grito de toda la Argentina. (FOTO: EFE)

Marcos Rojo tenía una corazonada. El defensor argentino tenía claro que iba a marcar en el partido contra Nigeria y así se lo dijo a varios de sus compañeros, su premonición fue vital para llevar a los octavos a una Argentina que vivió en el alambre hasta su tanto en el minuto 86.

"Se lo dije a Éver (Banega) y Ota (Nicolás Otamendi). Sabía que la iba a meter. Las cosas no estaban saliendo. Los jugadores se merecen más que nadie esto. Esto recién comienza", manifestó el defensor del Manchester United inglés tras el 1-2 contra Nigeria que clasificó a Argentina, gracias también a la victoria de Croacia sobre Islandia (1-2).

Con Argentina virtualmente eliminada por el empate anotado por Victor Moses de penal cometido por Javier Mascherano sobre el defensor nigeriano Leon Balogun, la Albiceleste estaba volcada, pero sin profundidad, y las pocas ocasiones claras, como la que tuvo Gonzalo Higuaín en torno al minuto 70, eran marradas.

Tuvo que ser a través de una combinación extraña, el pase de un lateral y el remate de un central, como llegó el tanto salvador: una asistencia de Cristian Pavón para Gabriel Mercado, que centró libre de marca desde la derecha, y la entrada de Rojo, ubicado como un delantero más para empalmar el balón al fondo de la portería.

"Eso es el convencimiento de cada uno. Si uno está convencido y está fuerte de la cabeza, va y lo hace. Él tuvo la oportunidad y no lo desaprovechó, feliz por el gol y la clasificación", manifestó a EFE tras el partido su compañero Maximiliano Meza.

Su pareja en la zaga Nicolás Otamendi aún no se lo explicaba tras el encuentro: "Le pregunté tras el partido, ¿qué hacías ahí? Me dijo 'no sé, tenía que estar ahi en ese momento', y metió el gol. Feliz por él porque es mi amigo y siempre trata de ser positivo", señaló en la zona mixta del Saint Petersburg Stadium.

"¡Lo adivinó!", bromeó un sonriente Gonzalo Higuaín a pregunta de EFE, que calificó el tanto como "una alegría inmensa, un desahogo" para un equipo que en su opinión "en todo momento" mereció el pase a octavos.

El gol de Rojo es el premio para un futbolista que no ha vivido una etapa fácil en los últimos tiempos. Fijo para Alejandro Sabella en la selección que llegó a la final del pasado Mundial de Brasil 2014, tras su buen torneo fue firmado por el Manchester United inglés al Sporting de Portugal, su anterior club.

En su primer curso disputó 22 partidos de la Premier League, cuatro en la Liga de Campeones y tres en la Liga Europa, guarismos similares en la siguiente campaña.

Con la llegada del portugués José Mourinho en la campaña 2016-17 mejoró algo su participación y formó parte activa del equipo que se proclamó campeón de la Liga Europa, aunque no pudo llegar a la final por una grave lesión en la rodilla izquierda en la vuelta de los cuartos de final contra el Anderlecht belga.

Siete meses después, el zaguero de La Plata volvió a jugar. Fue en un partido del equipo sub-23 del Manchester United en Huddersfield (Inglaterra) contra un conjunto de futbolistas de la cantera del Athletic Club de Bilbao español.

En una temporada complicada en la que le costó coger la forma física, apenas doce partidos oficiales se acumulaban en su hoja de servicios con su club antes de venir al Mundial de Rusia 2018.

El United le demostró su confianza prolongando su contrato hasta 2021 con opción a una temporada más, y Jorge Sampaoli también le aguantó, como parte de los 'históricos' que han disputado las tres finales del último tiempo de la albiceleste: la del Mundial 2014 y las Copas América 2015 y 2016.

Rojo, el zaguero de La Plata que sabía que ayer era su día, respondió a la confianza con un gol de oro que salvó a Argentina del desastre y advirtió: "Ahora comienza la Copa para nosotros". Francia espera, el 30 de junio en Kazan. 


EFE