Con triplete de Federico Valverde, Real Madrid goleó 3-0 a Manchester City por los octavos de la Champions League
En un partido perfecto del uruguayo Federico Valverde, Real Madrid derrotó 3-0 a Manchester City por la ida de los octavos de la Champions League.
En un partido perfecto del uruguayo Federico Valverde, Real Madrid derrotó 3-0 a Manchester City por la ida de los octavos de la Champions League.
Cuando solo aquellos que apelaban al poder de la historia del Real Madrid en la Champions League, al orgullo del rey herido, concedían alguna opción ante el Manchester City, un recital de compromiso a imagen y semejanza de Fede Valverde, en la noche soñada del uruguayo, autor del primer triplete de su carrera, alimentó lo que se antojaba un milagro con un 3-0 que incluso pudo ser mayor si Vinícius no hubiese perdonado un penalti (3-0).
Al libro de los imposibles en la Champions League el Madrid le añadió un nuevo capítulo. Con siete bajas de la dimensión de Mbappé o Bellingham. Con un equipo unido en el esfuerzo que sintió que toda la temporada se la jugaba en un duelo desigual, ante un City repleto de estrellas, cuyo brillo se apagó un día más en el Bernabéu... En la grada, la mutación pasó de la insatisfacción permanente al orgullo máximo por la imagen de su equipo.
El triunfo que necesitaba Álvaro Arbeloa. Valiente sosteniendo a un chico de 18 años, Thiago Pitarch, en un duelo de tal dimensión, fortaleciendo el centro del campo condicionado por las circunstancias y las lesiones. Entendió que atacar de forma directa al equipo de Pep Guardiola era un suicidio y jugó sin 9. Con Gonzalo en el banquillo. En esta ocasión el factor sorpresa que tanto gusta a Pep, saltó en su contra.
Con el traje de batalla puesto, el Real Madrid entendió que la única forma de llegar con vida al Etihad era vaciarse en cada acción. Las ayudas fueron constantes, no hubo distinción entre jugadores a la hora de correr y pelear. Con sacrificio, la distancia en calidad se recortaba, y en el Bernabéu siempre aparecen oportunidades de golpear. No las desaprovechó cuando las tuvo y sin Mbappé, apareció un goleador inesperado.
Los días grandes piden el paso al frente de los líderes y el indiscutible, por carácter, orgullo, casta, espíritu competitivo y calidad, fue Fede Valverde. Su nombre retumbó en cada rincón del Bernabéu con una exhibición sin precedente. Igual que aparecía en el lateral para rebajar el agua que le llegaba al cuello a Trent con Doku, lanzaba una carrera por banda derecha que no podía culminar con centro por la ausencia de un rematador, situación que decidió solucionar él mismo siendo también el goleador.
El City desató su inestabilidad por su falta de contundencia defensiva. Carente del colmillo competitivo que exhibió el Real Madrid, que, lejos de intimidarse cuando Doku se iba de todos en su primera carrera, lanzaba dos centros al corazón del área que no encontraban rematador, cuando Savinho chutaba blanda la primera y Bernardo Silva la enganchaba cerca del poste, ejecutó a la perfección el plan de Arbeloa.
El éxito debía nacer desde una buena defensa. Huijsen, la única novedad del once del equipo que tiró de casta en Balaídos, recuperó la confianza perdida frenando una carrera que era estampida de Haaland. Y el paso definitivo, hacer sentir el peligro de un Real Madrid impulsado por el Bernabéu en una de esas noches especiales europeas, lo debía dar Vinícius. Picó un balón a Brahim que, con la punta y escorado, probó los reflejos de Donnarumma como aviso a una noche que no esperaba.
A la desesperada salió intentando frenar la jugada más básica, y a veces la más efectiva, que rompió el partido. Un pase en largo preciso de Courtois a la carrera de Fede Valverde, provocó un grave error de O’Reilly, que midió mal. El uruguayo se hizo un autopase ante el portero, que quitó las manos quizás con miedo de salir del área, y derrotado en el césped vio como su rival empujaba el esférico a la red.
El partido soñado por el madridismo tomaba forma en siete minutos a añadir al historial del clásico moderno del fútbol europeo. El tiempo, entre el 20 y el 27, que tardaba Fede en volver a golpear, atacando la zona del 9 para chutar cruzado el pase de Vinícius tras su arrancada pegado a la banda izquierda. El 2-0 ya no era fruto de la casualidad.
Al City le pudo el Bernabéu. Empequeñeció sus virtudes y ejerció desde entonces un dominio improductivo. Rodri y Bernardo Silva, los jugadores de mayor experiencia, no pudieron imprimir el ritmo que demandaban Doku o Semenyo. El peligro estaba en los costados pero el sistema de ayudas tejido por Arbeloa encontró siempre respuestas. Y así, a tres minutos del descanso, Fede ponía el broche al partido de su carrera.
Un gol para enmarcar el tercero. El balón picado con calidad por Brahim a la nueva aparición como delantero de Valverde, que inventó una 'delicatessen'. Sombrero a Guéhi y sin dejar caer el balón, golpeo de exterior ante Donnarumma. El éxtasis en el Bernabéu. El retorno de la imagen más competitiva del Real Madrid en un curso repleto de irregularidad.
Lo más difícil lo había conseguido y en el segundo acto, su principal y casi única labor, debía ser conservarlos sin encajar. El City quiso dar un paso al frente buscando un gol que aumentase la opción de remontada en el Etihad, pero ante un Real Madrid dispuesto a darlo todo hasta el último suspiro, lo que acabó corriendo fue el riesgo de ver sentenciada la eliminatoria.
Porque las mejores ocasiones fueron de un Real Madrid que disfruta corriendo al contragolpe y castigando los espacios. Brahim la tuvo, tras un recorte de dibujos animados, pero se topó nuevamente con Donnarumma, y en las botas de Vinícius estuvo la goleada.
Otra vez desde un grave error, impropio de un equipo que aspira a ser campeón de Europa, el pase errático de Khusanov siendo último hombre, con bote, que encontró a Güler en su camino. No dudo el turco en lanzar el balón al espacio, a la velocidad de Vinícius, que fue derribado en el mano a mano por Donnarumma. Sin Mbappé asumió el lanzamiento, con parada y blando, adivinado por el portero italiano.
Con el orgullo herido, tras pedir perdón con la mano en el pecho, Vini buscó su particular revancha. Le faltó puntería en las tres que generó. Sin acierto pero importantes para que el City no muriese en área rival. Defendió con fuerza su ventaja el Real Madrid. Courtois solo fue exigido por Semenyo, ayudado en una gran acción defensiva de Rüdiger, cuando Haaland estaba en boca de gol para marcar, y dejando otro día más la parada milagrosa, en un exceso de confianza de Thiago.
La valentía del canterano que levantó el aplauso minutos antes, lanzando un amago dentro de su área a la presión del rival, de cara a su portería, rozó la tragedia la segunda vez que lo realizó. El robo de O’Reilly, cerca del área chica, se dirigió a la portería y Courtois sacó una pierna que dejó en blanco al City. No empañó su recital físico que tanto ha dado al Real Madrid en sus dos últimos encuentros como titular.
La diferencia de efectivos entre banquillos no cambiaron el escenario. Los cambios de Guardiola, con la entrada de Reijnders, Cherki o Marmoush, no aumentaron la dinamita arriba y el Real Madrid dio por bueno un 3-0 impensable para casi todos antes del inicio.