Con gol de Luis Diaz sobre la hora, Bayern Múnich eliminó a Real Madrid y jugará la semifinal de la Champions League
Con goles de Pavlovic, Kane, Luis Díaz y Olise, Bayern Múnich venció 4-3 a Real Madrid y clasificó a semis de Champions League.
Con goles de Pavlovic, Kane, Luis Díaz y Olise, Bayern Múnich venció 4-3 a Real Madrid y clasificó a semis de Champions League.
Real Madrid murió en la orilla de la remontada, envuelto en una épica insuficiente para batir al Bayern Múnich, que firmó una victoria (4-3) con la que terminó la temporada del equipo de Álvaro Arbeloa tras despedirse con dignidad de la última bala que en otras ocasiones dio en la diana: la Champions League.
El despertar blanco, con la Supercopa, la Copa y la Liga perdidas, llegó tarde. No tenía más opciones y dio todo lo que tenía en el Allianz Arena. Firmó un primer tiempo desatado, se encorsetó en el segundo e hincó la rodilla en el 87, cuando Luis Díaz marcó el 3-3 justo después de la expulsión de Camavinga, otra vez señalado. Un final cruel.
Y es que hay noches en Europa que no se explican, se sienten. Y esta empezó con un guiño inesperado del destino, de esos que tanto le gustan al fútbol y tanto desconciertan a la lógica. Porque en el escenario del Allianz Arena, donde se esperaba el ruido de Mbappé, la electricidad de Vinícius o el mando de Bellingham, emergió un nombre que no figuraba en los focos entre tanto debate: Güler.
Y lo hizo sin pedir permiso. A los 39 segundos. Ni uno más. Un error impropio de Neuer, gigante en la ida, abrió la puerta. Mala entrega, balón al centro, y Güler, sin domesticarlo siquiera, lo envió directo a la red. Así, sin prólogo. El Real Madrid igualaba la eliminatoria antes de que el partido se sentara en la mesa.
Ese gol no calmó nada, al contrario: encendió una primera parte de esas que justifican el precio de la entrada. Ida y vuelta, vértigo y determinación. El Real Madrid, fiel a su naturaleza, sin bandera blanca en el equipaje. El Bayern, con el mismo once ganador del Bernabéu, con una presión asfixiante, como si cada balón fuera el último y ahogando la salida blanca.
El equipo de Arbeloa -con Ferland Mendy para contener a Olise y Brahim Díaz en lugar de un dubitativo Camavinga- no lograba gobernar el partido, pero sí tenía colmillo. Y en Europa, eso basta para seguir con vida.
El Bayern Múnich respondió pronto. A los cinco minutos, cuando un córner encontró la cabeza de Pavlovic bajo la línea. Lunin midió mal la salida y Alexander-Arnold se quedó a medio camino. Empate. Vuelta a empezar. Y ahí el partido se convirtió en una prueba de resistencia.
Durante 25 minutos el Bayern apretó, dominó, empujó al Madrid hacia su área. Pero cuando parecía que el guion tenía dueño, volvió Güler. Falta al borde del área, perfil zurdo, y un disparo cercano a la escuadra de Neuer: golazo, el que reclamaba el madridismo.
Pero no era noche de administrar ventajas. Era noche de sobrevivir a los golpes. Avisó Kimmich, insistió Stanisic y respondió Lunin hasta que apareció lo inevitable: Harry Kane. Porque Kane no suele perdonar. Y no perdonó. La jugada nació en una grieta central que encontró Upamecano, con Alexander-Arnold otra vez distraído. Control, pausa y definición. Gol. Empate otra vez. Pulso intacto.
Y cuando el descanso ya asomaba, el Real Madrid recordó quién es. Primero un aviso de Vinícius al larguero. Después, el tercer martillazo: contra perfecta, definición de Mbappé ante Neuer y 2-3. Así, sin anestesia. Porque el Real Madrid, cuando parece sometido, no se rinde. Y menos en la Liga de Campeones.
El segundo acto se presentaba frenético y no apto para cardíacos, pero más de contención y más tacticismo, porque el final estaba cerca. No había espacio para más errores, podían ser fatales. El Bayern insistió con la pelota, cerca del área, pero con menos físico para la presión y más espacio para las contras del Real Madrid.
Esto generó huecos para la velocidad de Mbappé, que desequilibró en varias ocasiones. La más clara al principio y a la que respondió Neuer. En el otro lado, por fin compareció Alexander-Arnold, que rebañó la pelota a Luis Díaz en el último instante, cuando iba a rematar solo ante Lunin. Pasaban menos cosas que en el acto inicial, pero pasaban. Pero sobre todo, se palpaba la tensión.
Y así se llegó a los minutos finales, con los dos equipos a un gol de las semifinales y con miedo a una imprudencia fatal. Todo se iba a decidir en un detalle, en un error fatal, y este fue el de Camavinga, señalado dos veces esta última semana y una tercera en el peor momento: saltó al terreno de juego en el minuto 62 y fue expulsado por doble amonestación en el 87.
Entonces, apareció Luis Díaz. Justo después, en el 87, El colombiano, uno de los menos inspirados del Bayern Múnich, se sacó de la chistera un zapatazo desde fuera del área que acabó con todo.
Después Olise cerró la puerta con el 4-3 definitivo y la épica a la que parecía abonada el Real Madrid se desvaneció en dos instantes, en los dio por finiquitada la temporada: adiós a la Copa, adiós a la Liga y adiós a Europa. El equipo de Arbeloa dio la cara, pero tarde. Fin.