LIGA PROFESIONAL DE ARGENTINA

Tomás Aranda anotó su primer gol como profesional y Boca Juniors venció 2-0 a Instituto en La Bombonera

Con goles de Aranda y Adam Bareiro, Boca Juniors cortó la racha de cuatro empates y venció 2-0 a Instituto en La Bombonera.

Por: Jayro Gutierrez • Futbolargentino.com
Boca ganó en La Bombonera. Foto: Twitter @BocaJrsOficial
Boca ganó en La Bombonera. Foto: Twitter @BocaJrsOficial

Con goles de Aranda y Adam Bareiro, Boca Juniors cortó la racha de cuatro empates y venció 2-0 a Instituto en La Bombonera.

Y luego de cuatro fechas, el Xeneize volvió a ganar en su casa. Este domingo 22 de marzo, en el Estadio Alberto J Armando más conocido como La Bombonera, por la fecha 12 del Torneo Apertura de la Liga Profesional, Boca Juniors de Claudio Úbeda derrotó 2-0 a Instituto de Diego Flores.

La Bombonera volvió a latir como en esas noches donde la urgencia se mezcla con la historia. Había algo en el aire: una necesidad contenida, un murmullo que pedía desahogo. Boca Juniors llegaba golpeado por empates, por dudas, por esa incomodidad de no poder imponerse en su propia casa. Y enfrente, Instituto, dispuesto a incomodar, a resistir, a jugar con los nervios del estadio.

El primer tiempo fue una promesa sin resolución. Boca Juniors tuvo intensidad, circulación, momentos de buen fútbol desde el mediocampo, pero también grietas. Instituto, ordenado, encontró espacios y respondió con peligro. Era un partido abierto, pero sin dueño. Un equilibrio frágil, sostenido más por la tensión que por las ideas.

Hasta que el segundo tiempo rompió todo. El reloj apenas había empezado a correr cuando apareció el momento que cambia carreras, partidos, historias. Tomás Aranda, juvenil, casi un susurro en medio de nombres pesados, se animó. Tomó la pelota, encontró el espacio y definió con decisión. Gol. Su primero en Primera. Y no fue uno más: fue el que abrió la noche y liberó a todo Boca.

A partir de ahí, el partido mutó. Instituto tuvo que adelantarse, salir de su estructura, dejar huecos. Y Boca, que había sufrido para romper el orden, empezó a encontrar lo que antes le faltaba: espacios, aire, tiempo.

La Bombonera ya no era ansiedad: era empuje. El golpe final llegó como llegan las certezas. Con el rival jugado, con el partido inclinándose sin remedio, Adam Bareiro apareció para cerrar la historia. Definición precisa, red inflándose, y un 2-0 que ya no dejaba dudas.

No fue una noche perfecta. Fue algo más valioso. Fue el momento en que Boca volvió a ganar. El instante en que un juvenil escribió su primer grito y un delantero confirmó la victoria. Fue, sobre todo, una noche donde la paciencia encontró recompensa y en la que el hincha Xeneize que estaba alegre con la victoria, se acordó de la Copa Libertadores y ya empezó a pedir la séptima.